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Paracelso

Has salvado a Frobenius, que es la mitad de mi vida,  del mundo de las sombras Erasmo de Róterdam opio de Esmirna, azafrán cortado canela de Ceilán, clavos de especia y vino de Málaga macérese por espacio de quince días cuélese, exprímase fuertemente y fíltrese aférrese al pecho la botella de láudano que liberará el alma de su pocilga y del recuerdo fermentado su piel de la de ella, sus ojos de su boca sus oídos del sonido ominoso de las pulseras

Barón Rojo en su aeroplano

Escribir es saltar de las filas de los asesinos Franz Kafka en el estruendo de las bombas mi cuerpo magullado sólo clama por cerveza el cielo es un cactus de espinas infectadas y yo un sonámbulo que escribe frases en el aire cada día más oscuro de esta guerra

Los derechos de la mujer (poemas)

Para la época en la que estaba preparando mi primer libro "Un rastrojero bajo el sol" -que finalmente salió por la editorial huesos de Jibia- encontré, en una librería de viejo, un manual para amas de casa. La versión original era de origen alemán y se había seguido editando hasta bien entrados los años setenta. Me pareció tan fuerte, tan conmocionante esa lectura que decidí intervenir el texto mínimamente y crear estos poemas. Algunas personas no vieron la ironía que pretendía esta operación, un poco fallida, como todo lo que hago, y me cuestionaron fuertemente. Hoy, que conmemoramos los hechos aciagos que dieron origen al llamado "día de la mujer" volví a sentir ganas de mostrarlos. el arreglo del florero no meteremos el ramo de cualquier manera pondremos cuidadosamente flor      por flor deberá hacer el efecto de que todas ellas rodean ordenadamente un centro los muebles se pueden mover la palabra “mueble” vie...

Meteoro

Meteoro se mira en el espejo en el dedo índice tiene un anillo que le recuerda a Rex su hermano el Mach 5 está dormido  sereno bien tapado con su sábana en la cabeza del muchacho resuena una frase yo me fui y en mi lugar dejé una sombra
Fují duermo arropado en una blanda nube de humo la espiral de fuego me protege conjurando con su incienso los ínfimos demonios que ansían mi sangre dejo mi cuerpo así, confiado y me cruzo muy tranquilamente a la otra orilla

Fotografía, psicoanálisis y poesía

(Alocución pronunciada el 12 de septiembre de 2012, en el ciclo de psicoanálisis y cultura organizado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero) Era como si indagase la naturaleza de un verbo que no tuviese infinitivo y que sólo se pudiese encontrar provisto de un tiempo y de un modo. Roland Barthes, La cámara lúcida. (foto: G. G.) Al momento de buscar la vinculación del psicoanálisis con la fotografía, se me ocurre comenzar desde el instante mismo de la aprehensión de los objetos por la mirada. La fenomenología ha intentado encontrar un grado cero de la percepción, que sería anterior a cualquier concepto; anterior incluso al lenguaje. Dice Maurice Merleau Ponty en el prólogo a la Fenomenología de la percepción: En el silencio de la conciencia originaria vemos aparecer, no sólo lo que quieren decir las palabras, sino, más aún, lo que quieren decir las cosas, el nudo de significación primaria en torno del que se organizan los actos de ...

Un elefante sabe muchas canciones

Las va cantando para sí, mientras recorre la sabana majestuosamente. No se siente más que una molécula felíz en un universo desfondado. Todos los elefantes del planeta mantienen contacto telepático, conformando una red que nos sostiene y nos cuida. Los elefantes de los circos, por ejemplo, son agentes encubiertos que nos miran con pena mientras ejecutan las estúpidas acciones que les encomendamos. Podrían irse en cuanto lo quisieran, pero permanecen en esa posición que es ideal para vernos de cerca sin suscitar sospechas. A los elefantes no les preocupa el paso del tiempo. Cuando mueren van a parar a la sabana y la recorren con su andar cansino, a la par de sus congéneres vivos, en silencio y cantando.

fin de año

Los artificios y el candor del hombre no tienen fin Jorge Luis Borges se desprende de un enjambre volátil mi canción como el pólen que flota en primavera y es la alegría de las flores pero en el fin de año ritual algunos hombres salen de sus casas mientras otros se hunden en un pantano son como el gólem al que un rabino dio hálito de vida inscribiendo en su frente la palabra emet, verdad pero al manifestarse su naturaleza monstruosa terminó extrayéndole un alef para dejarle sólo la terrible orden met, muere!

el púgil

la montaña guarda el carbón que entre pelea y pelea él transporta en su carretilla es a la vez entrenamiento y modo de ganarse la vida mientras no llega la gloria su compañero está sofocado suda profusamente a pesar del frío pero nadie teme las parerdes de la mina están bien aseguradas cuando llegue el momento el púgil tomará algunas rocas que usará para caldear su cuarto la llama resultante será dorada como la cerveza y los árboles que en vida habitaban esas mismas tierras

escena portuaria

las pulgas abundan en las inmediaciones el marinero se rasca y martilla asegurando los tablones de cubierta en este clima el humor se hace áspero y cambiante entonces ríe, maldice o escupe sobre la madera y con razón porque aferrar los cabos con este viento es como sacarse la sortija siendo en el pueblo el niño más pobre el puerto desde aquí parece un enjambre de hombres, naves y bienes que circulan mucho más rápido que el alma

mi secreto

el ansia es un jinete temerario y yo su cabalgadura el sabor de los libros el juego de la música mi poca fortaleza tu cuerpo es un enigma y no hago más que errar el camino páginas y páginas un río con todos sus afluentes que va a dar a mi cabeza